Roberto Begnini no era, ni es, un actor ni director de mi gusto. Por eso, cuando me hablaron de La Vida es Bella estaba algo receloso por verla, pero como todo en esta vida para poder criticarla o alabarla, había que verla y así poder tomar una decisión.
Reconozco que cuando vi la película, me sorprendió gratamente ya que no me esperaba una historia llena de momentos tiernos, momentos dramáticos y momentos de comedia, todo en 116 minutos. Begnini me siguió sin convencerme mucho, ya que en los momentos de comedía, era muy exagerado, pero lo suplió con creces aquellos momentos más emotivos, sobre todo aquellos en los que dentro del campo de concentración, vuelve todo un juego a ojos de su hijo, para que su estancia fuera mejor y más llevadera dentro de aquel infierno.
"Esta es una historia sencilla, pero no es fácil contarla. Como una fábula, hay dolor y como una fábula, está llena de maravillas y de felicidad" Así comienza en 1939 la historia de Guido, un joven judío que, trabajando de camarero, conoce a una joven y bella profesora, Dora, de la cual se enamora perdidamente, haciendo todo lo posible por conquistarla. Sólo que había un problema, Dora estaba prometida con Rodolfo, militante del partido fascista. Guido hace todo lo posible por conquistarla, saludándola siempre que la veía con un "buenos días princesa". A pesar Rodolfo, Dora y Guido huyen juntos empezando su historia de amor.
Son tiempos duros para los judíos, debido al avance del fascismo y del antisemitismo por Europa, debido al avance del nacismo provocado por el avance y la momentánea victoria de la Alemania nazi. A pesar de ello Guido y Dora son felices junto a su hijo Giosué. Pese a tanta felicidad, un día la tristeza llegará, en forma de detención y posterior traslado a un campo de concentración, todo por ser judíos, aunque Dora solicita no separarse de su familia siendo también trasladada al mismo campo de concentración. En este momento Guido comenzará a usar toda su imaginación para hacer más llevadero el paso por tanta muerte y desolación al pequeño Giosué.
Bonita historia, llena de ternura, que nos lleva a pensar en lo que hace un padre por el bien de sus hijos, nos hace reflexionar que los totalitarismos no llevan a un buen final, si no a muerte y destrucción. Reconozco que cuando terminó la película, además de encantarme, se me quedó un nudo en la garganta de la emoción y de la tristeza de la historia. Os dejo con la última frase de la película y con la canción más reconocible de la banda sonora:
"Esta es mi historia. Ese sacrificio que hizo mi padre. Aquel fue el regalo que tenía para mí"

























